lunes, 1 de septiembre de 2014

Capítulo III - Dos almas reencontradas

Y Mina Murray lloró. Sabía que él debía irse otra vez, estaba apesadumbrado y su piel blanca resaltaba en la oscuridad como un fantasma.
-No llores, mi amada-
-No te vayas- sus lágrimas ardían, pero se secaban, porque tenía la seguridad de que nada ni nadie la separarían de su amor.
-No puedo quedarme- Alexander lo sentía más que ella. Pero su miedo era mayor, el miedo de que ella supiera la terrible verdad.


-Alexander, algo acongoja tu corazón-
-Sí, así es- él no le mintió. El rostro de Alexander Grayson estaba oculto en la oscuridad, parecía una silueta blancuzca y negra en medio de la habitación de Mina.
-No confías en mí- le reprochaba ella entre sollozos.
-No es eso. Sólo intento protegerte- con su fría mano, él le seca las lágrimas y el millón de cosas que quería decirle se quedaban atascadas en su garganta implacablemente.
-¿Por qué la mujer de mis sueños está ligada a ti? ¿Y a mí?- ella habló como para sí misma –Pero eso es imposible, estamos viviendo en puras fantasía ¿Por qué alientas esta fantasía con esa mujer? Me dices que soy ella. No, no es posible. Ella no existe- las palabras de Mina herían a Alexander, eran como las palabras de Ilona. En otro momento le hubiera explicado todo, todo lo que llevó dentro de sí por siglos, pero ahora dudaba. El dolor era profundo, Mina renegaba de su pasado. Tal vez también lo rechazaría a él si supiera la verdad.
Tal como hizo Ilona…
Ante aquel silencio ella menea la cabeza:
-Estás enfermo, Alexander- Mina recordaba las cosas extrañas que notó la noche pasada. Pero no le
encontraba lógica a nada -¿Por qué tu piel está siempre fría?-
-Tal vez esté enfermo, sí… es verdad- susurró y evadió su mirada.
-El doctor Van Helsing…- Mina impulsada por su desesperación recuerda las investigaciones que habían hecho, las cosas sin explicación que abundaban en el mundo y que sin embargo, Van Helsing parecía conocer muy bien.
Pero al oír ese nombre, Alexander se aleja de la cama como si le hubieran clavado un puñal.
-Van Helsing no puede hacer nada por mí- gruñó con un cambio de tono brusco, y de repente su voz ya no era serena.
-Van Helsing sabe de muchas cosas. Y digo de muchas cosas…- se excusó ella al ver que había cometido una imprudencia – Incluso cosas… sobrenaturales-
Hubo silencio, luego él se le acerca otra vez a la cama. Mina permanecía petrificada en el mismo lugar, y el viento frío que entraba por la ventana hacía que se aferrara a las sábanas.
-Y tú… ¿Crees en cosas sobrenaturales?- el tono de voz de Alexander adquirió un dejo terrible. Él podía llegar a ser así, lo había visto. Aquel hombre dulce y de grácil aspecto tenía un lado oscuro y una fuerza intimidante, Mina no podía negarlo. No sabía qué era, no sabía por qué era Grayson tan diferente, pero por eso Jonathan y todos los demás pensaban que era malo ¿Debía en verdad confiar como él tanto se lo pedía?
-No. ¡Por Dios!- respondió mecánicamente y se santiguó. Un miedo le recorrió el cuerpo, pero ella no creía en nada sobrenatural porque eso era pecado… No podía creerlo.
-Mina…- entonces Alexander toma su mano y volvía a ser el mismo hombre de la noche anterior, el mismo caballero que la había enamorado. Su amado nocturno –En verdad te lo digo, que jamás dudes de mí. No te haría daño nunca-
-Tú le has hecho daño a otros antes. Dime. Yo te vi, aquella vez…- ella seguía firme, pero luego de decir eso exhala profundamente -Estoy unida a ti, completamente, y confío en ti, pero no sé por qué- Mina a pesar de su frágil apariencia, era muy fuerte, y no se dejaba doblegar cuando se enfrentaba a las cosas-Pero sé que hay algo en ti, Alexander, lo sé, y es algo extraño que… tal vez no sea fácil de explicar, y espero que puedas abrirte y tú confiar en mí algún día-
Él besó su mano, y la sostuvo con desesperación porque no quería dejarla ir. Después de tantos siglos…
-Jonathan te detesta- Mina luchó contra sus propios deseos, la angustia que tenía la hacía recapacitar –Porque yo te amo a ti. Pero ese desprecio va más allá. Cuídate. No sé qué están planeando… todos ellos-
-¿Ves por qué no puedo estar contigo? Te perseguirán a ti también, y no permitiré que te hagan daño- él se lamenta con un pesar de miles de años –Pero tú y yo estamos unidos, eres mía y de nadie más, mi amada. Ya no nos separará…- y Alexander quiso agregar "…ni la muerte" pero no tenía bases para afirmar eso.
No sabían qué hacer, el silencio hablaba más que las palabras.
-Adiós Mina- cortó cruelmente, separándose de ella en contra de toda su voluntad.
-Adiós Alexander-
Y de nuevo, ella no supo cómo había desaparecido. Y su padre jamás se enteró que Alexander Grayson estuvo allí esa noche.


---*---*---*---

La llegada de la noche era como un mal presagio, era como si se anunciara una nueva visita de la muerte. Ya no tenía sentido quedarse en aquel viejo cementerio, la mujer deambulaba ahora por las calles silenciosas, y no recordaba nada de la noche pasada.
Caminó sola por aceras y calles empedradas, hasta que una voz hace que se detenga en seco, tacones fijos entre los adoquines.
-Lucy-
La mujer voltea y un hombre estaba parado allí atrás, cuando hacía unos momentos no había nada. Lo reconoció enseguida.
-Amo- sollozó entre admiración y miedo.
-Lucy ¿Qué has hecho, Lucy?- canturreó y la mujer retrocedió un paso.
-Amo, mi amo- repetía fanáticamente.
-¿Te alimentas de niños, Lucy?- él torció el gesto –A mí no me gustan los niños…-

-Yo… no sé- ella vacilaba, ahora empezaba a recordar -¿Dónde está mi madre? Quiero a mi madre- sollozó.
-Tú mataste a tu madre- Alexander Grayson tenía el rostro impasible, pero su tono era mordaz -¿Ya no te acuerdas?-
El rostro de Lucy cambió completamente y ya no se veía tan hermosa.
-Tú me hiciste esto- gruñó la mujer y sus labios rojos se encresparon. Un montón de imágenes venían a su mente como un río infernal –Ahora yo soy tuya-
-Tal vez. Pero yo no te quiero- él dio la media vuelta y le da la espalda. Una larga capa negra cubría todo su ser –Eres una criatura despreciable….- susurró y luego bajó la cabeza – como todos los que creo…-
Había una enorme pena en él, pero era algo que debía sobrellevar.
-Yo… creo monstruos, sí-
Le daba la espalda a la mujer, de hecho hablaba para sí mismo, como si se dirigiera al demonio que le daba la vida a él.
-Gracias a lo que hiciste, ahora tú tendrás esta vida maldita por siempre- entonces voltea otra vez hacia ella y sus ojos estaban encendidos de rojo y los colmillos le brillaban filosos como agujas entre sus carnosos labios- Bienvenida, querida Lucy. Disfrútalo-
-Amo ¿Me abandonas, amo?- la vampiresa observaba con horror la burla de su amo. Su amo que la rechazaba y la estaba abandonando a su suerte.
-Tengo que ir a por mi querido Reinfield, mi leal sirviente, cuya vida está en peligro. Eso es más importante-
Después de darse el gusto de restregarle en la cara su suerte, Alexander le da la espalda a Lucy otra vez y se marcha en medio de los ecos de sus pasos sobre las piedras, y como la neblina, la figura se desvanece en el aire.

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