lunes, 1 de septiembre de 2014

Capítulo IV - Conciliábulo diabólico

El profesor Abraham Van Helsing era en realidad un cazador de vampiros.


Profundo conocedor de la criatura nosferatu, fue reclutado por la Orden del Dragón hacía un tiempo atrás, llevado a cometer numerosos crímenes relacionados con estas criaturas demoníacas, pero en los cuales muchos inocentes cayeron.
Víctima de sus propias acciones, el profesor fue castigado por la Orden y en secreto planeó una venganza que lo llevó a resucitar al nosferatu original, la criatura más antigua y peligrosa de la que se tuviera conocimiento.


Ahora allí sentado en aquella sala, Van Helsing lucía demacrado, cansado y débil, con un peso sobre sus hombros que apenas podía resistir. Nadie de aquella gente sospechaba que era él quien había traído al monstruo de vuelta.
Ahora Browning estaba muerto, ahora los dos niños vampiros estaban muertos también, porque él los mató. Y una estaca enorme, antigua y muy afilada esperaba escondida a que él diera con Alexander Grayson.
Pero nadie sabía aquel horror, su reputación llegaba nada más que hasta sus conocimientos del mundo oculto y las criaturas de la noche.
-¿Y bien, profesor?- un hombre vestido con túnica negra y morada esperaba la respuesta del profesor –Lady Jayne afirmaba que El Caído, Drácula, está aquí, que ha vuelto, que existe y que está detrás de esta nueva infección maldita que ha caído sobre Londres. Y ahora se sospecha que también a llegado a Whitby ¿Qué es lo que sabe sobre eso?-
-La señorita Jayne fue asesinada por él, y supongo que Browning también- Van Helsing ocultaba el rostro. Odió a La Orden por demasiado tiempo, y ahora estaba allí colaborando con ellos. Pero es que su vida estaba en terrible riesgo, la criatura que él mismo había traído de vuelta ahora estaba detrás de él. Y de Drácula no se podría escapar.
-¿Quién?- inquirió el hombre incrédulo.
-Por El Hijo del Dragón, Drácula, señores- Van Helsing alzó la voz y cruzó la mirada con Jonathan Harker que estaba escondido en un rincón- Ha regresado, está aquí-
-Entonces asegura que ese ser de cuatro siglos de edad existe-
-Es el nosferatu original, señor Ruthford, existe, y sus creaciones las hemos visto nosotros con nuestros propios ojos- explicaba el profesor.
-Doctor, usted mismo sabe muy bien que el vampirismo tiene muchas raíces, no necesariamente tiene que ser verdad que ese monstruo exista y lo haya originado todo- habló otro hombre que no conocía.
-Ustedes deberían creer, ustedes lo crearon- Van Helsing torció el gesto.
-Eso también es un mito, doctor- Ruthford se lavó las manos –Decir que La Orden creó semejante monstruo-
Van Helsing se restregaba las manos, sentado incómodo en su silla.
-¿Usted lo ha visto, doctor?- preguntó otro de La Orden –¿Al nosferatu original?-
-He visto a Alexander Grayson- respondió Van Helsing.
-Oh… También piensa como Lady Jayne, entonces- alzó la ceja el señor Ruthford –Que ese Americano es Vlad Tepes. Pero Alexander Grayson está muerto, murió en la destrucción de su fábrica, al igual que su sirviente-
-Alexander Grayson no está muerto, y Reinfield…- Van Helsing se puso nervioso, había dejado el cuerpo de Renfield tirado en su laboratorio. Ahora no sabía por qué pensaban que había muerto junto con Grayson –No sé cómo pueden asegurar que está muerto también-
-Su cuerpo no aparece, debió quemarse en la explosión, al igual que Grayson-
A Van Helsing se le heló el alma, y le lanzó una mirada a Jonathan Harker.
-Usted también piensa que Grayson no sólo es un vampiro, señor Harker, sino que es el llamado Drácula ¿No es así?- Ruthford clava los ojos en el hombre que permanece impasible en su rincón –Usted es un
nuevo iniciado, el señor Browning lo trajo aquí-
-Alexander Grayson jamás fue lo que dijo ser, no era ningún Americano. Yo lo oí hablar con un extraño acento la última vez, antes de la explosión. No era Americano, su nombre no era Alexander Grayson. Alexander Grayson jamás existió- dijo Jonathan con firmeza.
-Que haya sido un fraude no significa que haya sido un vampiro, y mucho menos un mito, señor Harker- atacó Ruthford.
-Puede ser, pero en serio creo que el doctor Van Helsing tiene razones para pensar lo que piensa- defendió Harker.
Los hombres del conciliábulo murmuraron acaloradamente, poniendo impaciente al profesor.
-Profesor, usted tiene una historia con la Orden. Lo que haya pasado entre usted y Browning, ya quedó en el pasado- finalmente Ruthford se pone de pie y se pasea por la sala victoriosamente –Usted pruebe que Alexander Grayson sigue vivo, hay que comprobar que es lo que dice que es, y no poner en duda la reputación de La Orden otra vez, como ya hizo en el pasado. Si Alexander Grayson es El Hijo del Dragón, el renegado, entonces hay que exterminarlo. Pero por ahora ese trabajo es de usted, porque nosotros tenemos demasiados problemas aquí como para pensar en perseguir a un fantasma-
Al parecer ésa era la respuesta de La Orden. Sólo Van Helsing, porque era Van Helsing quien tenía el pellejo en peligro.
La Orden prácticamente le daba la espalda, otra vez. Acalorado el profesor se levanta de su silla y molesto sale de allí.
Jonathan Harker estaba en una encrucijada. Ahora no sabía si confiar en la afirmación de Van Helsing y darle la espalda a La Orden. Pero La Orden estaba dispuesta a exterminar, y si él resultaba un estorbo, lo quitarían del camino.
El joven muy preocupado sale a la calle, y sin rumbo sus pies lo guían hasta la casa de su Mina. Todavía amaba a Mina, y quería creer que Grayson estaba muerto, que el escollo ya no estaba en medio de ellos dos. Pero confiar en Van Helsing significaba lo contrario.
Solitario se quedó en medio de la calle, con miedo de acercarse a ella. Hacía mucho frío y el cielo estaba cubierto de nubes. Llovería pronto.
Mina tal vez estaba en casa, o tal estaba en el consultorio del doctor donde había empezado trabajar. Deseaba verla otra vez, explicarle.
No se atrevió a acercarse. Pero no hizo falta que se moviera, la chica venía por la acera, directo hacia donde estaba él.
-Mina- la llamó. Y la mujer lo oye, y busca ente la gente quien la había llamado. Ahí estaba él con un enorme abrigo gris oscuro y un sombrero de copa.
Mina distingue quién es, y lo ignora.
-Mina… espera- el hombre se dirige a ella, cruzando la calle.
-No quiero verte. Vete- Mina se apresura en llegar a la casa.
-Lamento mucho todo lo que pasó, pero tú tienes que entender por qué lo hice-
Los dos llegan a la puerta, y ella no quiere verlo en lo absoluto.
-Te volviste un patán, Jonathan- le dijo ella.


-No, no es así. Lo de Lucy fue algo que nunca me perdonaré, pero estaba dolido, muy dolido, porque te amo. Y de resto, yo sólo traté de defenderte de un hombre peligroso. ¡Eso!- explicaba desesperado.
Mina se negaba a hablarle. Buscaba torpemente en su bolso la llave de la puerta, muy nerviosa.
-¿Que no ves? Tú sólo estás empeñada en defender a ese individuo. ¿No te das cuenta? Todo es por ese engaño, porque Alexander Grayson fue un engaño en todo-
-Jamás podré confiar en ti, Jonathan- le espetó ella.
-Pero sí en él- ataja él acaloradamente –Está muerto ¿Ahora qué harás?-
-No, Alexander no está muerto- Mina lo enfrenta y por defenderlo, comete una enorme imprudencia.
¿No está muerto? Jonathan Harker se queda perplejo ante lo que le decía Mina. ¿Cómo sabe ella que Grayson no está muerto? Jonathan supo entonces que ella lo había visto recientemente.
Mina entra a la casa y le cierra la puerta en la cara.
No había manera de que Grayson sobreviviera a la explosión. Él lo vio, salvó a Mina y dejó a Alexander allí en aquel lugar, no pudo sobrevivir…
A no ser que fuera verdad lo que Van Helsing le había dicho.

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