martes, 30 de septiembre de 2014

Capítulo XV - El lado desconocido de Mina

El carruaje era el mismo en donde Alexander una vez, no hacía mucho, la había llevado a la universidad. Cuando todo era felicidad y lo sobrenatural era inexistente. Ahora estaba sucio y descuidado, como si hubiera estado abandonado.
Reinfield tenían un aspecto diferente a la última vez que lo vio. Pero era Reinfield sin lugar a dudas, y a ella siempre le había dado gusto verlo. Porque verlo a él significaba ver a Alexander.
El hombre estaba afuera, sentado en el asiento del cochero dirigiendo al único caballo del casquillo que también sería uno de los pocos recuerdos que quedaban de Carfax y la compañía Energías Grayson.
-El amo no quiere hacerle daño, el amo Grayson la ama de verdad, señorita- habían recorrido unas calles y la voz de Reinfield sonaba clara y fuerte. Pero los nervios no dejaban el cuerpo de la joven que temblaba de pies a cabeza –Son otros los que quieren hacer daño-
Entonces el carruaje se detuvo y sintió que Reinfield se bajaba, echaba una mirada por los alrededores y luego abría la puertecilla para atenderla a ella.
-Mató a Lucy y la convirtió en eso…- le dijo Mina aún incrédula.
-Lo hizo por amor a usted- le explicaba el hombre –Porque él haría lo que sea por usted, y lamento mucho decirlo, pero el alma de Lucy es negra, y no quisiera pensar qué sería de usted si ella fuera quien la convirtiera-
-Ahora la destruirá ¿Verdad?- Mina sólo pensaba en el ser que diabólicamente se había adueñado del cuerpo de su amiga.
Reinfield titubeó y luego responde:
-Creo que sí, señorita-
Ahora no sabía si sentir pena por eso. Después de haber visto lo que era Lucy… no lamentaría su muerte. Porque había cosas peores que la muerte.
Sin embargo, no podía creer que pensara eso. Algo estaba sucediendo con ella, estaba muy dispuesta a comprender a un vampiro. Así que ¿A quién engañaba? No estaba siendo alguien nuevo, estaba descubriendo su verdadero ser.
-Yo quiero a Lucy, no puedo permitir que la mate- susurró –Después de todo... ella es como él- y clavó los ojos en Reinfield con severidad.
-Lucy no es como el amo, él es el Maestro. No se deje engañar, ella ya no es su amiga y es una criatura maligna-
Mina bufó y le volteó la cara a Reinfield.
-El amo me ordenó ponerla a salvo- urgió él, haciendo caso omiso al recelo de la joven -Lamento mucho no tener un mejor lugar a donde llevarla. De hecho, no tenemos ningún lugar-
-Pero ¿Por qué no regresan a Carfax? ¿No es suya esa propiedad? Nadie tiene derecho a…-
-La Orden del Dragón está detrás de nosotros. No podemos regresar allá-
-¿La Orden del Dragón?- aún había cosas que necesitaba saber Mina. Pero por alguna extraña razón su instinto le decía que sí conocía a la Orden del Dragón, así que repitió con claridad –La Orden del Dragón, Ordo Draconum , Oh Dios mío- se tapó la boca de la sorpresa.
Se quedaron allí en el carruaje en medio de un callejón de la siniestra Whitechapel, el más oscuro de todos. Era como si Reinfield supiera que ése era un buen lugar para ocultarse.
-Dios mío, Alexander...- exclamaba Mina, como si supiera lo que le había hecho La Orden. Lo sabía en su inconsciente. Porque había una persona desconocida en ella que estaba empezando a salir.
El viejo enemigo, Mina recordaba, el enemigo que destruyó su vida, condenando al hombre que amaba y con el que era feliz. Ahora recordaba extractos de una desgracia y de su muerte espantosa por culpa de él…
-De Vlad- murmuró y Reinfield dio un respingo.
Recordaba un dolor muy grande, el saber que moría por culpa de los pecados de un príncipe amado. Alexander. Ella condenada por La Orden, como castigo, "hereje" "maldita". Ella jamás hizo nada, fue él, Vlad, el culpable.
¿Lo perdonaría?
-Debo verlo. Reinfield llévame con él- habló Mina con un nudo en su garganta - Necesito entender. Algo está pasando conmigo y ya no lo soporto-

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El hombre estaba parado frente al ser de la noche en mitad de la calle.
La vampiresa había intentado morder a Mina Murray pero ahora él estaba allí, y su presa había escapado.
Lo odiaba como nunca, entonces el chillido de su derrota desgarró la noche y preparándose para una cruda batalla, los ojos se le encendieron como el fuego y el cuerpo se armó con filosas uñas y extraordinaria fuerza.
-"Alexander Grayson"- se mofó pronunciando cada sílaba con desagrado –¿Por qué no usas tu verdadero nombre ahora? Ella ya lo sabe todo ¿No es así?-
-Lucy, vete de aquí, vete lejos porque si vuelvo a sentirte cerca de mi mundo, te voy a arrancar el corazón y a cortarte la cabeza- él hablaba calmadamente pero lo terrible de su voz era una sentencia irrevocable.
-¿Crees que Mina te va a aceptar? – rio la mujer, como si fuera una diva en un teatro –Ni a ti ni a mí, querido-
-No sabes nada, mejor te callas-
-Si ella no es mía tampoco será tuya-
La mirada de Alexander era terrible, pero el vampiro no se movía.
-No sabes nada, y no eres más que un animal. Yo no, yo he dejado de ser lo que fui-
-¿Ah sí? – Lucy hizo una mueca -No me hagas reír. Lo que has hecho hasta ahora no es muy civilizado-
Alexander bajó la mirada con vergüenza.
-Algunas cosas no las puedo cambiar, es verdad- lo reconoció con pena.
-¡Monstruo, te destruiré! Cometiste un gran error al hacerme esto, ahora lo pagarás- toda la ira de Lucy se reflejaba en su fiereza.
-¡Soy tu amo!- la capa negra del vampiro se alzó como alas de murciélago.
-No lo eres más- lo desafió ella y comenzó a dar pasos amenazantes hacia Alexander.
Entonces ya no estaban solos en aquella calle, unas sombras se aparecían de la nada, recortándose entre la bruma blanca. Lucy se detiene perpleja pues estaba siendo rodeada.
Eran vampiros, vampiros que salían de la noche.
-Lucy, no quiero destruirte. Te ordeno que desaparezcas y jamás te acerques a Mina, porque si no, de hoy no pasas-
La vampiresa entendió que estaban todos contra ella. Drácula había llamado a los vampiros, y los vampiros le obedecían sólo a él.
Sus ojos sobrenaturales brillaron como lámparas, y el orgullo y la rabia se doblegaron.

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