Estaba de nuevo en la casa de verano de los Westenra en Whitby. Mina
dormía plácidamente mientras el viento se colaba por entre las cortinas,
trayendo el sereno aroma a mar a su habitacion.
Abrió sus ojos al
fin y la vio a ella allí, parada bajo el arco de la puerta, con su fino
camisón blanco cubriéndole el frágil cuerpo.
Era el camisón que recién le había comprado su madre.
-Te
queda muy bien, Lucy- le dijo Mina con una sonrisa. Lucy sonrió y salió
corriendo, dejando a la joven sola en su cama – ¡Lucy! ¿A dónde vas?-
Mina tuvo que levantarse, vestirse y salir tras la traviesa Lucy.
Bajó
a la sala y no estaba allí, luego recorrió las estancias de la casa y
tampoco estaba allí. La casa estaba vacía. Entonces se dirigió a la
entrada que estaba abierta y la figura de Lucy Westenra ya cruzaba los
jardines ¡Qué escándalo, salir en camisón a la calle! Pensaba.
Temía por la seguridad de su amiga, así que salió corriendo detrás de ella a esas horas de la noche.
Por
un momento creyó que la perdía, los jardines daban a la calle y por
allí agarró camino Mina Murray. Iba descalza pero no sentía nada en sus
pies.
-¡Lucy!¡ Lucy!- llamaba y su voz hacía eco, todo era un enorme vacío y una extensa soledad.
Caminó
hasta llegar a las cercanías de la Iglesia Santa María, donde estaban
las ruinas de la abadía, y por alguna razón esperaba encontrar a su
amiga allí. Y no se equivocó. Más allá de la Iglesia estaba el
cementerio y recordó el banco favorito de ella y Lucy solía sentarse a
contemplar el muelle.
Al llegar allí la vio, era Lucy, sentada en
aquel banco. Pero no estaba sola, había una sombra junto a ella y al ver
eso a Mina le dio un vuelco el corazón. La negra sombra cubría
amenazante la blanca figura de Lucy y mientras más se le aclaraba la
visión a Mina, más veía que la sombra era un hombre que estrangulaba a
su amiga …
-¡Nooo!- gritó sin voz, y trató de acercarse pero no
pudo. El hombre inclinado sobre Lucy la oyó y alzó el rostro y Mina vio
quién era: ¡Era Alexander Grayson y tenía la boca llena de sangre y los
ojos terribles clavados sobre ella mientras mataba a Lucy!
---*---*---*---
Sudando se sacudió fuertemente en la cama y regresaba a la realidad.
Poco
a poco fue atravesando las capas del sueño para recordar que en
realidad estaba en su casa de Londres, y abrió los ojos para ver el
techo de su cama de dosel borroso y confuso.
Debió ser una pesadilla, Mina no lograba despertar del todo pues aún veía una figura blanca frente a ella.
-Mina, mi amor- susurró la voz de Lucy.
Apenas recordaba el triste funeral, lo que había ocurrido durante ese día. Ahora no podía ver bien.
-Mina, despierta tontica- canturreaba la femenina voz.
Unas
suaves manos le secaron el sudor de la frente con un pañuelo, y de
repente tuvo la idea de que alguna enfermera del hospital estaba allí
cuidándola. Pero no, Mina abrió los ojos y la mujer que creyó era una
enfermera, era en realidad Lucy Westenra que estaba allí sentada junto a
su cama.
Muda, la joven se levanta, como si pensara que estaba soñando todavía, y no dice nada.
-Mina ¿No te acuerdas de mí?- rio la chica.
-Lucy, pero…- después de un rato logra pronunciar. Pero seguía sin creer que estaba despierta.
-Has
pasado un día horrible- continuó Lucy - Estoy unos días fuera de
Londres y cuando regreso me encuentro con esto ¡El funeral del señor
Murray! Vaya tragedia-
-Lucy, yo creí que….- Mina reconocía poco a poco una extraña vigilia. Pero no era posible, debía seguir soñando.
-Que estaba muerta- echó una carcajada –¡Eso mismo me dijo Jonathan!-
-¿Has…?- Mina intentaba actuar normal todo ya le era totalmente absurdo –¿Has visto a Jonathan?-
Lucy dejó de sonreír y soltó el pañuelo.
-Querida Mina, hay algo que debo decirte- Lucy fingió tristeza –Jonathan, mucho me temo, ha muerto-
La
mujer se paró de la silla e invitó a Mina a que la siguiera. Era
todavía de noche, así que debió dormir apenas unas dos horas. Pero ahí
estaba su amiga Lucy, a quien creía muerta. A quien todos le decían que
había matado Alexander.
Entonces no era verdad, Alexander es
inocente. Mina estaba confundida debido al sueño que tuvo, pero su
corazón sintió un gran alivio. Sin embargo Lucy estaba allí para traerle
más infortunios, así que su pena no se iba.
-Lucy espera- la joven seguía a la figura vestida de blanco por las escaleras– ¿Hacia dónde me llevas?-
-Querida
Mina. Jonathan me contó que tienes un nuevo amor, si es que se puede
decir que es nuevo- le dijo con tristeza, y más triste sonaba en aquella
casa vacía y llena de recuerdos.
-No quisiera estar más aquí. Mira en lo que se ha convertido mi casa. Si supieras las cosas que me han pasado-
-Entonces, ven Mina, yo te llevaré conmigo-
La
invitación de Lucy Westenra era irresistible. Quería irse con ella para
siempre, no volver nunca más a Londres ni a aquella casa. Todos estaban
muertos allí, era una horrenda pesadilla.
Así que ahí estaba otra
vez caminando de noche por las calles, eternamente en un sueño,
siguiendo a Lucy. Y no sentía ni frío ni miedo. No le importaba nada.
-¡Lucy!
¿Qué te pasa? Dime ¿Qué le pasó a Jonathan? ¿Por qué también él está
muerto?- clamó la joven al viento, con sentimientos encontrados. Lo
único que quería saber era toda la verdad, de una buena vez.
-Jonathan
me contó que amas a Alexander Grayson, Mina – Lucy se detuvo en medio
de la calle y le habló con severidad. Su figura se confundía con la
neblina – Que estás con él. Dime si eso es verdad-
-¡Ahh, cuánto tengo que contarte!- lamentó Mina –Alexander y yo, Dios, qué larga y penosa historia. Pero necesito…-
-Mina, dime si lo amas a él- la cortó.
La
actitud de Lucy la asustó mucho. No era lo que solía ser, estaba muy
extraña. Le preguntaba si amaba a Grayson, y después de todo lo que
había pasado, Mina no podía negar que seguía amándolo.
-He descubierto algo sobre mí, Lucy. Sé por qué amo a Alexander…- le respondió pero sus palabras fueron saboteadas.
-¡NO!-
gritó la mujer -¿Lo amas a él, a ese desgraciado?- Lucy cambió
totalmente, la agresividad que tenía era irreconocible –¡No sabes lo que
me ha hecho!-
Mina empezó a retroceder, pero estaba totalmente
sola en aquel mundo y por su propia voluntad la había seguido, así que
si gritaba, nadie la oiría.
-¡Alexander Grayson me mató, Mina
Murray, y me convirtió en un monstruo!- le espetó con una horrenda mueca
en sus labios y los blancos colmillos asomaban amenazantes.
Mina
se tapó el rostro con las manos observando el horror del que tanto le
había hablado Van Helsing. Había obrado el vampiro, él infectaba a la
gente, y había obrado sobre su amiga. ¡La había convertido en vampiro!
-¡Y tú eres mía, no de él!- amenazó Lucy con una sonrisa.
Mina
echó a correr igual que lo hacía la gente en las pesadillas pues desde
hacía tiempo que su vida se había separado totalmente de la realidad.
Pero de un vampiro no se escapaba así, todos sus esfuerzos eran inútiles
y no le importaba.
-¡Y yo maté a tu Jonathan Harker!- chilló la
vampiresa y su sombra parecía aparecérsele a Mina por todos los
recovecos de las calles –Su sangre me dio vida-
Calles vacías
rodeadas de casas viejas y oscuras. A nadie de esas casas le importaba
lo que ocurriera en el mundo exterior. No existían para Mina.
-Criatura
vil, te creé porque eras una miserable, desde mucho antes de esto-
entonces otra voz se oyó en la oscuridad y los lobos comenzaron a
aullar.
Había alguien más allí, la joven que corría finalmente
calló al piso, pero nada le pasó, su perseguidora se quedó atrás como si
algo la hubiera detenido.
Ella no miró hacia atrás, al contrario,
quiso parase y seguir corriendo, y así lo hizo, hasta que un conocido
carruaje se presentó ante sus ojos y un hombre le habló con voz
familiar:
-¡Señorita Murray, rápido, suba por favor!-
Mina titubeó, incluso después de reconocer a Reinfield allí en el carruaje que era de la compañía Grayson.
-¡Suba por favor, no tiene que temer del señor Grayson!-
Unos
gritos horribles le pusieron los nervios de punta y Mina supo que
Reinfield tenía razón, debía ir con él porque estaba comprendiendo lo
que había ocurrido.



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