Mina observaba al doctor Van Helsing en silencio mientras éste
examinaba con detenimiento al debilitado señor Murray. La habitación
estaba a media luz y sus rostros los iluminaba apenas una pequeña
lámpara de aceite colocada en la mesa.
Finalmente Van Helsing decide hablar:
-Es
extraño- musitó colocando su maletín en el sillón y abriéndolo para
guardar ya todos sus instrumentos –Su padre parece tener todos los
síntomas del cólera, pero no siente ninguna molestia-
-Lo sé,
precisamente por eso acudí a usted, profesor. ¿Tiene mi padre cólera o
no? Tiene terribles ataques, como si una fiebre espantosa lo agobiara,
sin embargo su temperatura no es alta- la joven estaba parada junto a la
ventana cerrada con pesadas cortinas –Por favor, siéntese- le señala
otra silla apostada frente al armario.
Van Helsing alzó el rostro con sorpresa, pero atendió a su petición.
-Es extraño, lo sé… pero…- el hombre se sienta junto al enfermo y estudia el apaciguado dormir del que una vez fuera su amigo.
-¿Pero qué?- ella insistió y no dejaría que el profesor se marchara sin responderle sus preguntas –Me habló de un nosferatu. Ahora, ¿qué tiene que ver esa criatura con todo esto? Dígamelo-
-En
Suramérica, señorita Murray, existe una especie de murciélago que se
alimenta de sangre, el vampiro…- Van Helsing empezó su relato con aire
ausente –Cuando estuve por allá, una yegua que yo tenía empezó a
debilitarse paulatinamente… El pobre animal sufrió mucho, cuando al fin
descubrimos que tenía mordidas en el cuello… Esos enormes murciélagos le
estaban chupando la sangre. Por la noches el vampiro muerde a sus
víctimas, por lo general al ganado, y les extrae la sangre poco a poco.
Muchas veces la víctima no se da cuenta, pero empieza a padecer ciertos
síntomas- y entonces Van Helsing dirigió la mirada hacia el señor
Murray.
-Y con eso quiere decir que tal vez un murciélago vampiro ha venido a morder a mi padre…-
-No. Lo revisé muy bien y no tiene ninguna señal de haber sido mordido. Además, no hay tales murciélagos aquí en Inglaterra-
Recostándose cansadamente de su silla, Van Helsing se quita los lentes para limpiarlos y clava sus ojos sobre la joven.
-No hay tales animales, pero sí los hay con forma humana, señorita Murray-
Mina bufó.
-Eso
es un nosferatu, un vampiro con forma humana que se alimenta de sangre
humana. Y algunos de nosotros tenemos la prueba de su existencia-
Por un momento Mina pensó que el profesor había perdido la seriedad, o la cabeza.
-Me
está asustando profesor- le advirtió la joven –Yo sé lo que es un
nosferatu, pero no veo por qué me dice esos cuentos de gitanos en
momentos en que estoy tan angustiada-
Incómoda, Mina comienza a pasearse por toda la habitación.
-Porque usted no quiere escuchar-
Ella, silenciosa, evadía su mirada.
-No
sabe el peligro que corre- prosiguió él - Pero como usted misma me ha
dicho, la verdad hay que decirla. No se puede seguir con el rodeo-
-Están
todos ensañados en contra del hombre que amo. Sólo porque dejé a
Jonathan por él- y una lágrima corrió por su mejilla, pero Van Helsing
no podía verla –Nos amamos profesor, la verdad tiene que decirse, sin
más rodeos-
-Ese hombre que dices amar ahora, Mina, murió hace
cuatro siglos- Van Helsing soltó aquello como un disparo y se coloca los
lentes otra vez.
Mina lo escuchó en silencio, y en medio de la habitación en penumbras apenas se le veía el rostro.
-¿Se
da cuenta de lo que me está diciendo?- dice al fin, y al ver la mirada
severa y segura del profesor añade –Usted, un académico en el que tenía
puesta toda la fe del mundo. Me está diciendo que tanto usted como yo, y
muchos otros, hemos estado hablando, tocando, relacionándonos con un
hombre muerto-
-Un no-muerto, señorita- le aclara - Y como mi
mejor estudiante, una mujer con visión, le estoy diciendo todo esto.
Porque sé que no tiene la mente cerrada-
Ante el silencio de Mina, Van Helsing prosigue.
-Se
lo tengo que decir, usted me obliga. Porque sé que lo ha vuelto a ver
después de nuestra última conversación. Los vampiros existen y son seres
nacidos del mal y destinados a hacer el mal, son fuertes y poderoso.
Alexander Grayson no puede salir de día, por eso solamente lo vemos de
noche. La luz del sol lo mataría. Tampoco puede un vampiro entrar a una
casa sin ser invitado. No tolera los crucifijos, Dios es su mayor
enemigo. No soporta el ajo…- y la charla seguía y Mina se inquieta aún
más, porque todo lo que Van Helsing le decía encaja, y explicaba muchas
cosas de Alexander–Se puede aparecer donde y cuando quiere, y puede
cambiar a la forma de un animal, un murciélago, un lobo, o de niebla. De
hecho, usted misma vio su sangre, en mi laboratorio ¿Se acuerda?-
A
Mina se le fue la respiración, se sentía como si hubiera caminado
kilómetros, y recordaba muy bien aquella muestra de sangre tan extraña a
la que se refería el profesor, y un estremecimiento casi la hizo caer
al suelo.
-¿Cómo puede Alexander Grayson estar muerto?- musitaba
si aire – No es posible...- y sentía un enorme vacío en su estómago y
estaba algo mareada.
-Alexander Grayson no- la corrigió el
profesor - sino el hombre que se hace pasar por ese Americano. Y no es
Americano, nació hace cuatro siglos en Transilvania-
Era demasiado
para procesar, la mente de la joven iba a explotar. El profesor parecía
más serio y cuerdo que nunca, no sabía qué creer, siempre había
respetado a Abraham Van Helsing como a nadie, pero ahora….
-Usted
parece conocerlo bien…- dijo tristemente. Tenía en la mente a Alexander,
siempre apareciendo de noche, colándose en las habitaciones, tan
sobrenatural, tan etéreo. Y la mujer de sus sueños, la mujer que él
decía que era. Todo lo que ella veía y se negaba a aceptar como algo
aterrador. Ya no lo soportaba.
-Sí, lo conozco…- Van Helsing no
iba a decirle a nadie que fue él quien lo trajo a la vida de nuevo-
desgraciadamente. También lo conocían Browning y Lady Jayne, por eso
murieron. Es aquel vaivoda Drácula que luchó contra los Turcos, un
guerrero valiente y un príncipe. Pero que fue maldecido-
Van Helsing no sabía cuánto estaba abusando de la tolerancia de Mina, era demasiada información para ella.
-No
sólo estoy descubriendo cosas de Alexander, sino también de usted,
profesor. Está casi en el mismo nivel que él- ella sonó profundamente
decepcionada, porque todos le habían ocultado lo que en realidad eran.
Todos, Jonathan, Van Helsing y, con el dolor de su corazón, también
Alexander - Resulta que ahora es más de lo que decían los rumores, es un
conocedor de las criaturas siniestras de la noche que afirma existen
tal como existe la ciencia. Es un hereje, profesor Van Helsing-
puntualizó. Ahí estaba su tutor hablándole de vampiros con la misma
certeza con que hablaba de anatomía.
-Así es. Y soy un cazador de
seres demoníacos y a éste… a éste lo vengo cazando desde hace tiempo-
suspiró atormentado por el recuerdo de la vez en que resucitó al
monstruo.
Él resucitó a Drácula, así que él destruiría a Drácula también.
-No
entiendo ¿Qué hace aquí él?- todo le daba vueltas a la joven y el dolor
que le apretaba el pecho era insoportable. Todas esas noches en brazos
de él, y jamás le dijo nada de su naturaleza espantosa ¿Qué podía pensar
de Alexander ahora? Sus sentimientos eran un mar de confusión. Y ¡La
mujer de sus sueños, la mujer que ella era en sus sueños era la esposa
de aquel príncipe Transilvano!
Era verdad, terriblemente verdad
todo. Mina sabía que descubriría lo que era Alexander, pero esperaba que
fuera él mismo quien se lo contara.
Y no fue así.
-Es una
larga historia y creo que no soy yo quien deba decirle- el profesor notó
la gran pena que había caído sobre Mina, y se sintió que otra vez era
un verdugo - Lo que debo decirle es que esa criatura no es un hombre, es
un no-muerto, un depredador sanguinario y demoníaco, y ya le dije, fue
quien mató a Lady Jayne, y a todos esos que aparecen muertos en
circunstancias misteriosas. Ese vampiro busca sangre de mujeres
hermosas, las posee, y de seguro que usted está en la lista para ser su
próxima víctima-
Había hablado demasiado, la joven estaba desolada. Van Helsing debía marcharse, así que se pone de pie y se le acerca.
-Mi querida Mina, la aprecio, y la protegeré de Alexander Grayson. Yo voy a cazarlo y a destruirlo, ésa es mi misión-
Pero
aquellas palabras no eran consuelo para Wilhemina Murray, aquellas
palabras eran puñales ardientes que se clavaban en su corazón.
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