miércoles, 10 de septiembre de 2014

Capítulo IX - Cazador y presa

Mina observaba al doctor Van Helsing en silencio mientras éste examinaba con detenimiento al debilitado señor Murray. La habitación estaba a media luz y sus rostros los iluminaba apenas una pequeña lámpara de aceite colocada en la mesa.
Finalmente Van Helsing decide hablar:
-Es extraño- musitó colocando su maletín en el sillón y abriéndolo para guardar ya todos sus instrumentos –Su padre parece tener todos los síntomas del cólera, pero no siente ninguna molestia-
-Lo sé, precisamente por eso acudí a usted, profesor. ¿Tiene mi padre cólera o no? Tiene terribles ataques, como si una fiebre espantosa lo agobiara, sin embargo su temperatura no es alta- la joven estaba parada junto a la ventana cerrada con pesadas cortinas –Por favor, siéntese- le señala otra silla apostada frente al armario.
Van Helsing alzó el rostro con sorpresa, pero atendió a su petición.
-Es extraño, lo sé… pero…- el hombre se sienta junto al enfermo y estudia el apaciguado dormir del que una vez fuera su amigo.
-¿Pero qué?- ella insistió y no dejaría que el profesor se marchara sin responderle sus preguntas –Me habló de un nosferatu. Ahora, ¿qué tiene que ver esa criatura con todo esto? Dígamelo-
-En Suramérica, señorita Murray, existe una especie de murciélago que se alimenta de sangre, el vampiro…- Van Helsing empezó su relato con aire ausente –Cuando estuve por allá, una yegua que yo tenía empezó a debilitarse paulatinamente… El pobre animal sufrió mucho, cuando al fin descubrimos que tenía mordidas en el cuello… Esos enormes murciélagos le estaban chupando la sangre. Por la noches el vampiro muerde a sus víctimas, por lo general al ganado, y les extrae la sangre poco a poco. Muchas veces la víctima no se da cuenta, pero empieza a padecer ciertos síntomas- y entonces Van Helsing dirigió la mirada hacia el señor Murray.


-Y con eso quiere decir que tal vez un murciélago vampiro ha venido a morder a mi padre…-
-No. Lo revisé muy bien y no tiene ninguna señal de haber sido mordido. Además, no hay tales murciélagos aquí en Inglaterra-
Recostándose cansadamente de su silla, Van Helsing se quita los lentes para limpiarlos y clava sus ojos sobre la joven.
-No hay tales animales, pero sí los hay con forma humana, señorita Murray-
Mina bufó.
-Eso es un nosferatu, un vampiro con forma humana que se alimenta de sangre humana. Y algunos de nosotros tenemos la prueba de su existencia-
Por un momento Mina pensó que el profesor había perdido la seriedad, o la cabeza.
-Me está asustando profesor- le advirtió la joven –Yo sé lo que es un nosferatu, pero no veo por qué me dice esos cuentos de gitanos en momentos en que estoy tan angustiada-
Incómoda, Mina comienza a pasearse por toda la habitación.
-Porque usted no quiere escuchar-
Ella, silenciosa, evadía su mirada.
-No sabe el peligro que corre- prosiguió él - Pero como usted misma me ha dicho, la verdad hay que decirla. No se puede seguir con el rodeo-
-Están todos ensañados en contra del hombre que amo. Sólo porque dejé a Jonathan por él- y una lágrima corrió por su mejilla, pero Van Helsing no podía verla –Nos amamos profesor, la verdad tiene que decirse, sin más rodeos-
-Ese hombre que dices amar ahora, Mina, murió hace cuatro siglos- Van Helsing soltó aquello como un disparo y se coloca los lentes otra vez.
Mina lo escuchó en silencio, y en medio de la habitación en penumbras apenas se le veía el rostro.
-¿Se da cuenta de lo que me está diciendo?- dice al fin, y al ver la mirada severa y segura del profesor añade –Usted, un académico en el que tenía puesta toda la fe del mundo. Me está diciendo que tanto usted como yo, y muchos otros, hemos estado hablando, tocando, relacionándonos con un hombre muerto-
-Un no-muerto, señorita- le aclara - Y como mi mejor estudiante, una mujer con visión, le estoy diciendo todo esto. Porque sé que no tiene la mente cerrada-
Ante el silencio de Mina, Van Helsing prosigue.
-Se lo tengo que decir, usted me obliga. Porque sé que lo ha vuelto a ver después de nuestra última conversación. Los vampiros existen y son seres nacidos del mal y destinados a hacer el mal, son fuertes y poderoso. Alexander Grayson no puede salir de día, por eso solamente lo vemos de noche. La luz del sol lo mataría. Tampoco puede un vampiro entrar a una casa sin ser invitado. No tolera los crucifijos, Dios es su mayor enemigo. No soporta el ajo…- y la charla seguía y Mina se inquieta aún más, porque todo lo que Van Helsing le decía encaja, y explicaba muchas cosas de Alexander–Se puede aparecer donde y cuando quiere, y puede cambiar a la forma de un animal, un murciélago, un lobo, o de niebla. De hecho, usted misma vio su sangre, en mi laboratorio ¿Se acuerda?-
A Mina se le fue la respiración, se sentía como si hubiera caminado kilómetros, y recordaba muy bien aquella muestra de sangre tan extraña a la que se refería el profesor, y un estremecimiento casi la hizo caer al suelo.
-¿Cómo puede Alexander Grayson estar muerto?- musitaba si aire – No es posible...- y sentía un enorme vacío en su estómago y estaba algo mareada.
-Alexander Grayson no- la corrigió el profesor - sino el hombre que se hace pasar por ese Americano. Y no es Americano, nació hace cuatro siglos en Transilvania-
Era demasiado para procesar, la mente de la joven iba a explotar. El profesor parecía más serio y cuerdo que nunca, no sabía qué creer, siempre había respetado a Abraham Van Helsing como a nadie, pero ahora….
-Usted parece conocerlo bien…- dijo tristemente. Tenía en la mente a Alexander, siempre apareciendo de noche, colándose en las habitaciones, tan sobrenatural, tan etéreo. Y la mujer de sus sueños, la mujer que él decía que era. Todo lo que ella veía y se negaba a aceptar como algo aterrador. Ya no lo soportaba.
-Sí, lo conozco…- Van Helsing no iba a decirle a nadie que fue él quien lo trajo a la vida de nuevo- desgraciadamente. También lo conocían Browning y Lady Jayne, por eso murieron. Es aquel vaivoda Drácula que luchó contra los Turcos, un guerrero valiente y un príncipe. Pero que fue maldecido-
Van Helsing no sabía cuánto estaba abusando de la tolerancia de Mina, era demasiada información para ella.
-No sólo estoy descubriendo cosas de Alexander, sino también de usted, profesor. Está casi en el mismo nivel que él- ella sonó profundamente decepcionada, porque todos le habían ocultado lo que en realidad eran. Todos, Jonathan, Van Helsing y, con el dolor de su corazón, también Alexander - Resulta que ahora es más de lo que decían los rumores, es un conocedor de las criaturas siniestras de la noche que afirma existen tal como existe la ciencia. Es un hereje, profesor Van Helsing- puntualizó. Ahí estaba su tutor hablándole de vampiros con la misma certeza con que hablaba de anatomía.
-Así es. Y soy un cazador de seres demoníacos y a éste… a éste lo vengo cazando desde hace tiempo- suspiró atormentado por el recuerdo de la vez en que resucitó al monstruo.
Él resucitó a Drácula, así que él destruiría a Drácula también.
-No entiendo ¿Qué hace aquí él?- todo le daba vueltas a la joven y el dolor que le apretaba el pecho era insoportable. Todas esas noches en brazos de él, y jamás le dijo nada de su naturaleza espantosa ¿Qué podía pensar de Alexander ahora? Sus sentimientos eran un mar de confusión. Y ¡La mujer de sus sueños, la mujer que ella era en sus sueños era la esposa de aquel príncipe Transilvano!
Era verdad, terriblemente verdad todo. Mina sabía que descubriría lo que era Alexander, pero esperaba que fuera él mismo quien se lo contara.
Y no fue así.
-Es una larga historia y creo que no soy yo quien deba decirle- el profesor notó la gran pena que había caído sobre Mina, y se sintió que otra vez era un verdugo - Lo que debo decirle es que esa criatura no es un hombre, es un no-muerto, un depredador sanguinario y demoníaco, y ya le dije, fue quien mató a Lady Jayne, y a todos esos que aparecen muertos en circunstancias misteriosas. Ese vampiro busca sangre de mujeres hermosas, las posee, y de seguro que usted está en la lista para ser su próxima víctima-
Había hablado demasiado, la joven estaba desolada. Van Helsing debía marcharse, así que se pone de pie y se le acerca.
-Mi querida Mina, la aprecio, y la protegeré de Alexander Grayson. Yo voy a cazarlo y a destruirlo, ésa es mi misión-
Pero aquellas palabras no eran consuelo para Wilhemina Murray, aquellas palabras eran puñales ardientes que se clavaban en su corazón.

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