Van Helsing entró a la habitación y se puso frente a Mina mientras
Alexander Grayson caía al suelo como impactado por un rayo. No era el
crucifijo precisamente lo que lo había debilitado, era el hecho de que
creía que Mina lo había traicionado.
Oculta detrás de la espalda
de Van Helsing, la joven estaba totalmente perturbada. Ella no quería
eso, pero no era dueña de sus acciones.
Su padre había muerto, se
había enterado de que el hombre que amaba era un vampiro y estaba
envuelta medio de un mundo absurdo de demonios, maldiciones y fuerzas
sobrenaturales y su mente no podía trabajar bien. No era dueña de sus
actos, y en esos momentos estaba bajo la influencia de Van Helsing.
-Atrás,
demonio- el hombre tenía el crucifijo firme en su mano, y en la otra
llevaba otra cosa que Mina no distinguía –¡Regresa al infierno de donde
saliste, nosferatu. Te lo ordeno en el nombre de Dios!-
Y el
vampiro comenzó a retorcerse como si se quemara por dentro. Mina tapaba
su boca para no gritar, y se aferraba a la espalda de Van Helsing
enfermizamente.
-Mataste a mi padre- decía histérica, y se refería
a él; creía firmemente que su padre había muerto por la influencia
maligna del vampiro. Pero no soportaba ver que aquel hombre que ella
conoció, impecable en sus maneras, en sus ropas, en su educación, estaba
ahora allí en el piso como un animal: lo veía como realmente era, una
criatura no-humana.
Sentía una enorme pena por él y eso le confirmaba que a pesar de todo... lo amaba.
-Cazador
ingenuo- habló el vampiro entre gorjeos y gruñidos –Crees que esa
baratija me va a destruir. Nadie ha podido destruirme . Nadie ni nada- y
luego sus ojos se clavaron en ella, escondida detrás de Van Helsing y
entonces supo que Mina Murray no quería destruirlo, lo vio en sus ojos,
en sus lágrimas: ella sólo estaba confundida. Y se sintió más aliviado.
Entonces Van Helsing hizo un movimiento y Mina vio que había sacado a la
luz el objeto punzante y grande que llevaba en la otra mano, y con eso
planeaba atacar a Alexander….
Fue muy poco lo que vio de la
estaca, el vampiro se alzó en ese momento y su capa negra lo cubrió todo
y cuando Van Helsing se abalanzó sobre él, desapareció.
Había
huido y lo último que vio fue la mano de Mina Murray sosteniendo a la de
Van Helsing armada con la estaca. Ella había evitado el ataque, ella
había hecho que tuviera tiempo de huir. Ella lo salvó.
---*---*---*---
Lo que sintió Jonathan Harker fue una tristeza profunda. Ver en lo
que había convertido Lucy Westenra era demasiado penoso incluso para
alguien como él.
No hizo nada, al contrario, se cubrió el crucifijo que atormentaba a la criatura y alivió su sufrimiento.
La
vampiresa había retrocedido espantada y se cubría el rostro con las
manos, pero al ocultarse el objeto sagrado, ella pudo recuperar la
compostura.
Volvió a ser bella.
-Lucy, estás muy hermosa-
Jonathan permanecía parado sobre una lápida rota y enterrada casi en su
totalidad, y no huyó. Lucy Westenra torció el gesto con extrañeza pero
no se le acercó, entonces fija su atención en el maletín que llevaba
Harker.
-Yo sé lo que llevas allí- la mujer se estremeció y luego gimió como un espíritu –Oh Jonathan, viniste a cazarme-
-Yo…-
tartamudeó el joven –Yo te creía muerta. Yo no creía que esto fuera
posible- explicaba y era honesto –La Orden del Dragón…-
La sed de
sangre era imperiosa en Lucy pero ella sólo quería llorar. Ver a
Jonathan le traía montones de recuerdos. Y entonces supo que una vez amó
a Mina Murray.
-¿Y qué es de la vida de mi querida Mina? ¡Oh Mina!- el rostro de Lucy se empañó.
-Ella
está perdida por culpa de Alexander Grayson. Y dime, Lucy, él te hizo
esto ¿Verdad?- atacó Jonathan –Él es el vampiro responsable de todo
esto. Dime-
-El amo- fue lo que dijo Lucy -¡Oh Jonathan! ¡El amo me abandonó! Él me creó y luego me abandonó ¡Qué miserable criatura soy!-
Jonathan
Harker estaba viendo confirmado todo, absolutamente todo. Al principio
estuvo embrutecido, pero respiró profundo y se mantuvo firme, y el
silencio del cementerio comenzaba a llenarse de los sonidos del
amanecer.
-Lucy, yo no quisiera hacerte daño, lamento muchísimo
todo esto- él se compadeció de la criatura. Pero se estaba confiando
demasiado.
-Mírame, Jonathan, yo maté a mi madre, yo maté a todos
esos niños- Lucy se acercó a él con ternura –Mira lo que me hizo
Alexander, ese maldito-
-A él lo vamos a destruir- le informó
Jonathan retrocediendo. Daba pasos inseguros hacia atrás porque no podía
permitir que se le acercara la criatura. Pero Lucy se acercaba con
lágrimas en los ojos.
-Jonathan, mi amado- lo sedujo, su voz era
irresistible, su mirada. Harker cayó de espaldas totalmente perturbado y
no pudo ver ni cómo ni cuándo la mujer se le echó encima. Ahora Lucy
estaba encima de él, cuerpo con cuerpo –Todos ustedes son igual de
malos. Por tu culpa Mina me odia… no te lo perdonaré-
Era
demasiado tarde, la fuerza de la vampiresa era superior y Jonathan quedó
totalmente atrapado. Hambrienta, abrió sus labios rojos carmesí, y esos
labios rojos, esos colmillos blancos fue lo último que vio Jonathan
Harker en su vida.





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